Los Cazaetiquetas y los productos de cosmética

Leyendo los comentarios que suscitó la entrada que escribí en Amazings acerca de “Las grandes mentiras en el etiquetado de los alimentos funcionales” observé un denominador común en muchos de ellos. A pesar de que existe unanimidad entorno al gran timo que ha sido la publicidad durante muchos años acerca de este tipo de “nuevos” productos, la gente reclama que se aplique la misma contundencia en otros sectores como la cosmética, homeopatía, farmacia…

Por esta razón he decidido abrir una nueva sección en Scientia, “La letra pequeña”, donde jugándonos el tipo denunciaremos todas aquellas etiquetas, carteles publicitarios, spots televisivos, radiofónicos o similares en los que creamos que hay un trasfondo algo sospechoso.

Sin embargo, y para darle un impulso a esta nueva sección, nos gustaría que ustedes sean nuestros colaboradores y nos manden todo aquello que crean merecedor de ser denunciado.

Para abrir fuego, el “Equipo Cazaetiquetas” formado por tres ilustres científicos se tiró el otro día a las calles a denunciar estos hechos…cámara en mano. El jefe del comando se quedaba fuera del establecimiento con el único fin de realizar la pertinente fotografía de estos productos situados en el escaparate de determinadas superficies comerciales. La comandante, con ese arte que solo ellas tienen, se caramelaba a la dependienta preguntándole acerca de las supuestas bondades de estos productos. Por último, la soldadilla rasa se encargaba de montar el caos dentro del establecimiento para que su padre pudiese hacer las fotos desde la calle sin llamar mucho la atención… somos así en casa.

Como fruto de esta “sesión de trabajo” hoy traemos a Scientia un ejemplo de la absoluta impunidad que tiene la industria cosmética a la hora de publicitar falsos beneficios y que, como van a observar, tienen una gran similitud con un gran conflicto que surgió hace unos años con uno de mis grupos “preferidos” de nuevos alimentos, los alimentos ecológicos.

En nuestra primera salida al campo de batalla no tuvimos que andar mucho para encontrarnos con el primer ejemplo de publicidad “dudosa”, la surrealista “Ecoducha SPA Plus”, un grifo de ducha que no sabemos sin encuadrarlo en cosmética, belleza, aseo o bienestar y que lleva incorporadas unas “piedrecitas” que se supone que le confieren propiedades “cuasi mágicas”…y “solamente” por un poco más de 50 euros.

Lo primero que es necesario indicar es que no entiendo como se le permite tener esta “Denominación de venta” al producto. Hace ya unos meses publicamos en Scientia una entrada en la que se hablaba del uso de los prefijos “Bio” y “Eco”. Es cierto que en aquella ocasión nos referíamos a productos alimenticios pero, si se aprobó el Reglamento (CE) 834/2007 en el cual se exigía a todas las empresas que empleaban los citados prefijos en alimentos a retirarlos de su publicidad en el caso de que no procediesen de la agricultura ecológica…¿Por qué se deja poner en otros productos elaborados a base de “piedrecitas” el prefijo ECO?

El consumidor asocia el prefijo “Eco” a “Ecológico”, “Natural”, “Saludable”, etc. Ya saben lo que pienso de los productos ecológicos, descartando cualquier tipo de ventaja sobre los convencionales, pero también es cierto que si prohibimos ese prefijo a los alimentos que no procedan de la agricultura ecológica deberíamos de retirarlo a todo tipo de productos que no tengan nada que ver con este tipo tan “particular” de elaboración.

Sigamos. A pesar de que este Blog tiene un carácter eminentemente científico, no me puedo resistir a hacer una pregunta por si acaso ustedes saben contestarla… ¿Por qué el uso de este producto nos hará ahorrar ni más ni menos que un 60% de agua y energía? Que me lo expliquen…La responsable del establecimiento no supo que contestar pero nos comentó que se estaba vendiendo como churros… sin especificar si el aceite empleado para freírlos era rico en omega 3 o en omega 6…pero eso es otra historia.

Vayamos a la parte científica. Realmente el fundamento de la Ecoducha se basa en introducir en el interior del cabezal determinados minerales con supuestas beneficiosas propiedades que, tras el paso del agua, son transferidas al cuerpo humano… ufff.

Podría rebatir prácticamente cada una de las propiedades que podemos ver en el reverso de la etiqueta de la Ecoducha. Eso de generar aniones muy beneficiosos para el organismo humano, disminuir la fatiga, mejorar las funciones fisiológicas, poseer efecto desodorante, etc. no tiene fundamento científico alguno.

Sin embargo voy a centrarme solamente en una que me llamó poderosamente la atención ya que, al parecer, he estado explicando mal durante años la asignatura de Técnicas Instrumentales Básicas a mis alumnos de diferentes carreras: “Los beneficios de los rayos bioinfrarrojos emitidos por la Turmalina” … ni más ni menos.

Turmalina negra

En los últimos tiempos se está poniendo de moda en ese curioso mundo de los “sanadores” el uso de piedras que, según ellos, lo curan todo. … concretamente en el pueblo de un buen amigo hay un “sanador” que te coloca piedras magnéticas en la zona que te duela… y lo mismo consigue curarte una lumbalgia que un dolor de garganta.

Pues bien, una de las piedras curativas de moda es la turmalina, un mineral del grupo de los ciclosilicatos y que está cobrando un gran protagonismo por su “curiosa” su acción sobre los centros de energía que los hinduistas llaman chakras

Según los seguidores de estas pseudoterapias, la turmalina negra, opaca y de color negro intenso, desvía las energías negativas del entorno y canaliza y disipa las energías negativas propias además de protegernos de la negatividad y de nuestros propios miedos… sin comentarios.

Dentro de las propiedades que se le atribuyen a la turmalina está su capacidad de emitir “Rayos infrarrojos saludables”…. Vayamos por partes. La radiación infrarroja es un tipo de radiación electromagnética de mayor longitud de onda que la luz visible, pero menor que la de las microondas y que es emitida por cualquier cuerpo cuya temperatura sea mayor que cero grados Kelvin.

Evidentemente, y como otro cualquier cuerpo negro, las turmalinas negras absorben toda la luz y toda la energía radiante que incide sobre él. Además, el cuerpo negro emite luz y constituye un sistema físico idealizado para el estudio de la emisión de radiación electromagnética.

La energía radiante emitida por el cuerpo a temperatura ambiente es escasa y corresponde a longitudes de onda superiores a las de la luz visible (es decir, de menor frecuencia). Al elevar la temperatura no sólo aumenta la energía emitida sino que lo hace a longitudes de onda más cortas. Todo esto implica que los objetos negros, como es el caso de la turmalina, también emiten radiaciones en la zona del infrarrojo a determinadas temperaturas pero, en el caso que esto suceda ..¿Dónde está el aspecto saludable y curativo de todo este proceso?

A pesar de que los rayos infrarrojos se han usado frecuentemente en sistemas de visión nocturna o en los mandos de nuestras televisiones…lo de emplearlos para prevenir o curar determinadas patologías tiene de ciencia lo mismo que Scientia de Blog políticamente correcto.

Una necesaria revisión bibliográfica me llevó a un “estudio” realizado en el Instituto Niwa de Inmunología situado en Japón, en el que se afirmaba que la turmalina podría ser útil para mejorar la circulación, aliviar el estrés, aumentar la agilidad mental y el fortalecimiento del sistema inmunológico..con un par. Si pueden échenle un vistazo a ese estudio…digno de enmarcarlo como la antología del disparate metodológico.

Pero además hay algo que no me cuadra en la postura de los defensores de esta terapia. La región del espectro correspondiente al infrarrojo lejano se encuentra “pared con pared” con su vecina la región del microondas, de forma y manera que los rayos infrarrojos menos energéticos y la radiación microondas de más energía comparten la misma gama de longitudes de onda. Por ello no entiendo que los defensores de la turmalina digan, por un lado, que este mineral protege contra las radiaciones electromagnéticas que se encuentran en teléfonos,ordenadores, etc. lo que hace a la turmalina un gran aliado para llevar con nosotros durante la jornada de trabajo….pero por otra parte dicen que es muy peligroso acercarse a un microondas que tiene prácticamente la misma longitud de onda… ¡¡os he pillado chicos!!

¿Cómo pueden admitir como terapia saludable acercarnos a una piedra que produce radiaciones incluso un poco más energéticas que el “maligno” microondas y sin embargo huir despavoridamente de éstos?

Pero al seguir analizando la etiqueta mis alarmas se dispararon. Llevo años impartiendo clase de Técnicas Instrumentales y jamás había explicado los…¡¡Rayos Bio-infrarrojos!!.  Tranquilos queridos alumnos y no me denunciéis a Bolonia que esto es lo de siempre. Para seguir la moda de las tendencias “Quimifóbicas”, los genios del marketing le ponen el prefijo “Bio” a los rayos para darle el habitual “rollito natural” al tema y ya tenemos los Rayos Bio-infrarrojos que caracterizan a esta Ecoducha…hay que reconocer que la habilidad de esta gente para meter los prefijos “Bio” y “Eco” en un grifo de agua es digna de elogio…

¿Qué pensarán de esto aquellas empresas como Danone, el grupo Pascual o “Nutrition & Santé” que fueron obligadas a sustituir a los yogures “Bio”, el “Biofrutas” o el “Biomanán” por “Activia”, “Pascual Funciona” o “Bimanán” respectivamente? Si José Coronado levantase la cabeza…

Hemos de dejar claro que en ningún momento se ha dicho en este post que la etiqueta sea ilegal pero estarán de acuerdo conmigo en que la ausencia de una ley que no permita el uso y abuso de todo tipo de promesas en la publicidad de determinados productos para la belleza y cosmética está dando lugar a que el caos empiece a reinar en este sector… y esto es muy peligroso.

Por ello desde Scientia reclamamos que, al igual que se elaboró el Reglamento 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos que está acabando con la publicidad engañosa en los alimentos funcionales, se haga lo mismo con los productos de belleza, cosmética o similares.

En fin señores, tenía otra etiqueta preparada… pero lo voy a dejar para otra ocasión. Estoy tan cansado que prefiero darme una “Ecoducha SPA plus” con turmalina negra que me haga absorber rayos bioinfrarrojos cual superhéroe de los años 90 y no solamente me voy a ahorrar el desodorante posterior, sino que además me va bajar la presión sanguínea que estas etiquetas me suben por las nubes…

Jose

Nota: Quiero indicar que este post ha sido posible gracias a la inestimable ayuda de Yanko Iruin, autor de uno de mis Blogs de referencia, “El Blog del Búho”.

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10 respuestas a Los Cazaetiquetas y los productos de cosmética

  1. Pingback: Repaso al etiquetado en productos no comestibles: Los Cazaetiquetas y los productos de cosmética | All About Food | Scoop.it

  2. Galiana dijo:

    Scientia cada vez se va contagiando más del periodismo de investigación, para que luego digan que la ciencia y el periodismo no están conectados.
    Seguro que con la nueva sección tendrás el correo lleno todos los días con fotos de denuncia pq se ve cada cosa por ahí.
    Un saludo

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  6. Miguel Angel dijo:

    Lo he meneado, porque me parece un gran artículo y todo lo que sea denunciar estos productos “milagro” me parece una buena contribución a la sociedad. ¡Seguid así! Os tengo en Favoritos.

  7. anónimo dijo:

    ¿por qué no pueden ser desodorantes algunos minerales? ¿no lo es también el bicarbonato? o no es así?

  8. Mercedes dijo:

    Hola:
    Aunque soy una incondicional del blog, esta sección de las etiquetas me parece que sería una asignatura obligatoria de la ESO estupenda.
    Yo alucino cada vez que agarro (y reconozco que lo hago) una revista de las llamadas “femeninas” y me encuentro con anuncios como el que os adjunto en enlace:
    http://www.esteelauder.es/cms/skincare/index.tmpl?CATEGORY_ID=CAT681
    Lo del activador maestro genético creo que es para síncope.
    Y otro que no logro encontrar la de los glicanos que “esponjan las células de la piel”. En fin que mucho ánimo y muchas gracias por toda la información.
    Un saludo,

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