“Los renglones torcidos de la ciencia” [Reseña]

Tenía muchas ganas de escribir unas líneas sobre este fantástico libro del exquisito divulgador científico, y aun mejor persona, Eugenio Manuel Fernández Aguilar. “Los renglones torcidos de la ciencia. De la antimateria a la medicina moderna” salió a la venta el 11 de marzo, en la misma semana que nos metimos en casa. Esta situación ha hecho que vaya demorando este post, pero ya no puede retrasarse más. He tenido el honor de escribir el prólogo, porque Eugenio me considera, junto a Daniel Torregrosa, impulsor de este pequeño recorrido por la historia del PET (Tomografía de emisión de positrones). Así que, lo mejor es que leáis el prólogo que aquí abajo os pongo, no sin antes recordar que se trata de un libro solidario, pues parte de las ganancias del autor van destinados a proyectos de investigación de la Fundación Carreras contra la Leucemia (https://www.fcarreras.org/es/libro-los-renglones-torcidos-de-la-ciencia_1319884)”

PRÓLOGO A LOS RENGLONES TORCIDOS DE LA CIENCIA

En los últimos años he impartido más de 300 conferencia de divulgación científica y habré escuchado otras tantas. Todas ellas me han aportado muchísimo. Sin embargo, cuando en febrero de 2015 escuché a Eugenio Manuel Fernándezimpartir la conferencia “Abejas, científicos y Charlie Hebdo” en mi querida ciudad de Murciasentí una sensación que jamás había sentido antes. Por fin alguien había dado con la tecla y había expresado en poco más de una hora, la forma en la que yo entiendo no solo la investigación sino también la comunicación científica y, por qué no decirlo, también la vida. Me explico.

Como científico no entiendo la CIENCIA (en mayúsculas) como la suma de disciplinas científicas situadas en compartimentos separados sin relación alguna entre ellas. Pertenezco a un grupo de investigación multidisciplinar donde hay bioquímic@s, biólog@s, tecnólog@s de aliment@s, enfermer@s, químic@s, biotecnólog@s, etc. Esa multidisciplinariedad es pieza fundamental a la hora de abordar cualquier investigación científica. Pero la multidisciplinariedad no sirve de nada si no se acompaña de la palabra clave: la interdisciplinariedad. Para solucionar los problemas científicos que se nos presentan en el día a día, todos los científicos que formamos el grupo de investigación trabajamos en colaboración, aportando cada uno nuestras ideas e intentando complementar las de los demás. Precisamente en el año 2015 la revista científica Nature, una de las más prestigiosas del mundo, diseño una maravillosa portada donde unos Superhéroes de la Ciencia trabajaban en equipo. En el pie de esa portada se podía leer que la “interdisciplinariedad” era la clave para que los científicos salvaran el mundo. Pues bien, en aquella conferencia celebrada en Murcia Eugenio Manuel ahondó en la importancia de la multidisciplinariedad y la interdisciplinariedad como conceptos clave en el devenir de la ciencia y, por tanto, de la sociedad. 

Pero hubo más. El autor del libro que tienen en sus manos dio una lección magistral de la relevancia de la ciencia básica, aquella en la que trabajo desde hace 25 años en la Universidad de Murcia, como pieza clave para que luego se desarrollen las aplicaciones que disfrutamos en nuestra vida diaria. Sin la ciencia básica, tan injustamente criticada por algunos sectores, sería imposible desarrollar la calidad de vida de la que disponemos. Eugenio Manuel maravilló a los presentes en aquella conferencia con un alegato a favor de la ciencia básica que muchos aun recordamos.

Una tercera clave que considero esencial para comprender la investigación científica es el factor humano.  Los científicos no son máquinas sino personas y, como tales, tienen sus defectos y virtudes. Las relaciones humanas o los conflictos personales entre investigadores influyen muchísimo en el resultado de su trabajo…y de eso también habló Eugenio en la mítica conferencia “Abejas, científicos y Charlie Hebdo”.

Sin embargo lo que les he contado sobre la importancia de la multidisciplinariedad e interdisciplinariedad, sobre la ciencia básica o sobre las relaciones humanas, no hubiese quedado maravillosamente reflejado aquella tarde murciana si la persona que lo cuenta no tiene grandes dotes de comunicador. Sin embargo, Eugenio Manuel Fernández, las tiene…vaya si las tiene. Pocos divulgadores científicos tienen esa magia a la hora de comunicar como este sevillano afincado en Rota. Y no solo lo digo yo, su enorme capacidad comunicativa es algo en lo que está de acuerdo toda la comunidad divulgadora.

Pero debo reconocerles que aquella mágica tarde de febrero de 2015 me equivoqué. Pensaba que jamás volvería a sentir las sensaciones que tuve en aquella conferencia. Sin embargo cuando leí “Los Renglones Torcidos de la Ciencia” no solo las volví a sentir sino que se vieron incrementadas. Este libro es una auténtica joya de la divulgación de la ciencia tanto en fondo como en forma. Muy bien documentado, ameno, interesante y escrito con el estilo inconfundible de Eugenio Manuel. ¿Qué mas se puede pedir?

Eugenio Manuel Fernandez

Jose

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