¿Qué relación existe entre una gallina, Napoleón III y un cajón de escritorio?

Descifremos el enigma.

1) La gallina.

Al igual que hay partidiarios del Barça o del Madrid, de Manolete o de Belmonte, de los Beatles o de los Rolling…también hay partidarios del huevo o de la gallina… ¿Qué fue antes?

Desde tiempos inmemoriales hay una pregunta que siempre ha traído de cabeza a los grandes pensadores de la historia…Si los organismos sólo pueden generarse como consecuencia de la reproducción de los padres, ¿de dónde surgió al primera línea de cada organismo?

Anaximandro, un gran filósofo griego (611 a.C.) ya propuso que la gallina o el huevo podrían haberse generado espontáneamente por la acción de la luz y el agua. Más tarde Aristóteles tomó cartas en el asunto y la adopción que hizo de la generación espontánea se convirtió en un modelo para occidente: “Todo tipo de ser vivo podría surgir de alguna combinación de la materia”.

Sin embargo, desde entonces, y gracias a la investigación científica, se agotó el rango de criaturas que, según se pensaba, procedían de la nada y ya a mediados del siglo XIX la generación espontánea se asoció al materialismo y, sobre todo, al ateísmo, hasta el punto que la adhesión a su doctrina se consideraba un acto político, y sus defensores eran vistos con recelo por la religión y el estado, sobre todo en Francia durante el Segundo Imperio.

Y en este contexto, en la Francia de mitad del siglo XIX es donde se desarrolla nuestra rivalidad de hoy…Pasteur contra Pouchet…mucho más allá de una pugna científica.

En 1855 George Pouchet, anatomista y naturalista francés, dio a conocer su teoría sobre la generación espontánea en una serie de publicaciones a las que denominó “Heterogénesis” para, en 1859, reafirmarlas en un libro con el mismo título.

En esta serie de documentos Pouchet presentaba dos tipos de hipótesis: En el primero de ellos se alineaba con las teorías del bando contrario a la generación espontánea afirmando que todo tipo de vida compleja debería desarrollarse a partir de una espora o un huevo. Sin embargo, en la segunda de sus hipótesis, la más conocida, Pouchet se alineaba junto a los partidarios de la generación espontánea al afirmar que los huevos sí podrían generarse espontáneamente…ya estaba el lío montado.

Toda su teoría de la generación espontánea se basaba en una serie de experimentos en los que una cantidad de agua meticulosamente esterilizada en matraces esterilizados se poblaba de microorganismos a pesar de todas las precauciones tomadas contra la contaminación.

Para el naturalista francés la generación espontánea era una propiedad de la materia orgánica que, con la correcta combinación de aire, temperatura y agua era capaz de producir formas de vida embrionarias o de tipo huevo en un acto completamente espontáneo.

Además Pouchet se empeñaba en insistir que este proceso dependía del poder divino y que la “Ley de la Heterogénesis” lejos de debilitar los atributos del Creador, sólo podía enaltecer la Majestad Divina.

Pero, cuando sus teorías parecían asentarse, emergió la figura de un químico y microbiólogo francés, Louis Pasteur, quien decidió intervenir en la cuestión participando en un Premio organizado por la Academia Francesa de las Ciencias.

Pasteur no aceptaba la teoría de la generación espontánea y acusaba a sus seguidores de defender la sofistería científica…o sea, de ser unos Magufos.

Para ganar el premio Pasteur diseñó una serie de experimentos en los que fácilmente echó abajo la teoría de Pouchet demostrando que los resultados de Pouchet eran consecuencia de contaminación con el mercurio que el naturalista había utilizado para enfriar sus experimentos.

Los brillantes experimentos, que pueden encontrarlos en cualquier revisión de la generación espontánea, fueron publicados en el ensayo “Mémoire sur les corpuscules organisés qui existent dans látmosphére”.

En ellos Pasteur demostró que todo proceso de fermentación y descomposición orgánica se debe a la acción de organismos vivos y que el crecimiento de los microorganismos en caldos nutritivos no era debido a la generación espontánea.

Para demostrarlo, expuso caldos hervidos en matraces provistos de un filtro que evitaba el paso de partículas de polvo hasta el caldo de cultivo, simultáneamente expuso otros matraces que carecían de ese filtro, pero que poseían un cuello muy alargado y curvado que dificultaba el paso del aire, y por ello de las partículas de polvo, hasta el caldo de cultivo.

Al cabo de un tiempo observó que nada crecía en los caldos demostrando así que los organismos vivos que aparecían en los matraces sin filtro o sin cuellos largos provenían del exterior, probablemente del polvo o en forma de esporas.

De esta manera Louis Pasteur mostró que los microorganismos no se formaban espontáneamente en el interior del caldo, refutando así la teoría de la generación espontánea y demostrando que todo ser vivo procede de otro ser vivo anterior (Omne vivum ex vivo), un principio científico que fue la base de la teoría germinal de las enfermedades y que significa un cambio conceptual sobre los seres vivos y el inicio de la Bacteriología moderna.

2) Napoleón III.

A pesar de que la gran mayoría de los científicos de la época se rindieron a los metódicos, innovadores y brillantes experimentos de Pasteur, Pouchet acusó a la comisión que le había otorgado el Premio Alhumbert de falta de parcialidad….y, a pesar de que científicamente todo parecía decantarse hacia las hipótesis de Pasteur…algo de razón llevaba Pouchet.

El debate de la generación espontánea iba más allá de la mera cuestión científica. Intereses políticos, religiosos y económicos se escondían detrás de la guerra Pasteur/Pouchet.

Por una parte la Academia Francesa de las Ciencias no podía distanciarse lo los deseos del emperador Napoleón III, enemigo acérrimo del ateísmo…y por tanto de la generación espontánea…así que, como indicó el paleontólogo británico Richard Owen, “Pasteur tenía la ventaja de servir a las preferencias del partido del orden y las necesidades de la teología”…y el pobre Pouchet intentando ir contra el sistema con sus matraces presuntamente esterilizados…

Además, Pasteur era un brillante científico con una obsesión por encontrar financiación para sus investigaciones (¿les suena de algo?) por lo que ir a favor de los pensamientos de la familia imperial era la forma más fácil de encontrar suculentas cantidades de dinero para sufragar los gastos…

Todo esto empezó a levantar voces en contra de Pasteur. De hecho, muchos historiadores modernos de la ciencia están convencidos de que factores externos influyeron en la investigación de Pasteur y en el juicio científico más poderosamente de los que sirvieron para derrotar a Pouchet.

3) Un cajón de escritorio.

Y, por si hubiese pocas sospechas, no hace mucho tiempo saltó el escándalo de las investigaciones de Pasteur…nuestro querido “último cajón”.

Uno de los tipos de fraudes científicos más comunes es la falsificación. Este se produce cuando se falsean, recortan o ajustan resultados de los experimentos realizados…o cuando simplemente se ignoran.

Dentro de este tipo de fraudes destaca uno en especial: la “parada opcional”…me encanta este nombre. Se produce cuando los investigadores dejan de realizar los experimentos programados ya que hasta ese momento sus resultados coinciden con los que ellos querían obtener.

Pues bien, el “amigo “Pasteur”, según cuentan las crónicas, hizo uso no solamente de la parada opcional, sino también del “Efecto del último cajón” según el cual los resultados no convenientes que iban en contra de sus teorías los guardó con llave en el “último cajón” mientras que los que sí le gustaban los aireó a los cuatro vientos. Esto sucede muy a menudo y la gravedad de la falsificación depende de lo que hayas metido en el cajón…y aquí Pasteur no se quedó corto.

En un polémico libro publicado por Gerald Geison, “La ciencia privada de Louis Pasteur” , un escandaloso dato vio la luz: ¡¡¡El 90% de los resultados obtenidos por Pasteur fueron guardados en el último cajón!!!.

El hecho de que solamente el 10% de los experimentos realizados por el microbiólogo francés coincidieran con sus teorías no se supo en su tiempo por lo que Pasteur fue elevado a los altares por eliminar el ateísmo encubierto de la generación espontánea

Ya hemos encontrado la respuesta al enigma propuesto hoy. La relación entre la gallina, Napoleón III y un cajón de escritorio es…el intenso debate de la Generación Espontánea.

Una vez descifrado el acertijo, respondamos a la siguiente pregunta: ¿Quién decía que los científicos eran hombres rigurosos fieles a los resultados experimentales?

Continuará…

Jose

Nota: Con esta entrada participo en el Carnaval de la Biología, que durante este mes celebra su tercera edición en el blog “El Pakozoico”.

Fuentes:
Rivalidades científicas. De Galileo al Proyecto Genoma Humano. Editorial Paraninfo. ISBN: 9788428380751.

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3 respuestas a ¿Qué relación existe entre una gallina, Napoleón III y un cajón de escritorio?

  1. Pingback: Los fraudes científicos de ayer…y de hoy | SCIENTIA

  2. yvanes dijo:

    hay analogía con el experimento de Robert Milican para medir la carga eléctrica del electrón. El método cientifico, por él defendido, estubo sesgado por datos que no publicó en su momento, haciendo uso de juicio de valor, quizá intuición.

  3. Pingback: Generación espontánea, "pequeños deslices" de Pasteur y divulgación en general [HEMEROTECA]

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