Un terremoto en el cielo

Si alguien espera encontrar en este post el tono irónico y mordaz que preside la mayoría de los artículos publicados hasta ahora en Scientia, se equivoca…ni está ni se le espera.

Llevaba meses con ganas de escribir acerca de este tema, concretamente desde que dos semanas más tarde del terrible terremoto que asoló a mis vecinos de Lorca me encontré a la primera persona que me inculcó mi pasión por la Física y la Química.

Ella, lorquina de nacimiento, y profesora de Física y Química del Instituto de Bachillerato donde pasé 4 inolvidables años, estaba desolada. Sin embargo, y siguiendo su admirable costumbre de relacionar todo lo que le ocurría a su alrededor con estas dos ramas de la Ciencia, no quiso hablar de desgracias ni de pérdidas y me propuso un acertijo:

Jose… ¿serías capaz de adivinar por qué me pasé las siguientes noches mirando al cielo para, aunque fuera con unos segundos de antelación al resto de personas, saber si se repetiría el terremoto?

Me quedé perplejo. No por la pregunta en cuestión sino por cómo esta increíble mujer podía encontrar en la Física un maravilloso refugio a la pena que tenía por dentro…porque les puedo asegurar que tenía razones para estar desolada.

Tuve suerte. La respuesta a esa pregunta la tenía en una de las asignaturas que imparto en el Grado de Biotecnología, Técnicas Instrumentales Avanzadas, pero sin embargo he tardado mucho tiempo en escribir sobre este tema en el Blog. Pensé en hacerlo desde el primer momento, pero ni estaba de ánimo ni lo creía oportuno.

Sin embargo, dos tristes acontecimientos acontecidos en los últimos meses relacionados con personas que dieron todo por las dos ramas de la Ciencia que se abordan en este artículo, la Física y la Geología, han provocado que me decida a escribir acerca de aquel acertijo…no sé cómo me saldrá.

El hecho de buscar en el cielo señales de un movimiento sísmico no es nada nuevo. Según diversos historiadores, las primeras referencias a las luces sísmicas proceden del terremoto de Módena, en el 89 a.C. Otros se remontan al Antiguo Egipto.

Desde entonces son muchos los terremotos que han ido acompañados de espectaculares efectos luminosos en el cielo, bien sea en forma de resplandor suave y difuso, como el de la aurora, o mediante refulgentes señales como ocurre con los fuegos artificiales.

Rodas, Módena, Tokio, Bolonia, Jamaica, Londres, Lisboa, Nápoles, Kyoto…son ejemplos de zonas donde la presencia de luces en el cielo asombró no solamente a la población sino también a muchos científicos…hasta el punto que en la actualidad aun existen dudas respecto a su origen.

Uno de los casos más recientes y espectaculares lo tuvimos no hace muchos años en Lima, durante el terremoto del 15 de agosto de 2007. Ese día los habitantes de la capital peruana se vieron sorprendidos por la aparición, durante la noche, de una luminosidad que parecía proceder del mar y que adoptó diferentes colores.

Aunque algunos fogonazos de color amarillento en la parte baja del horizonte no marino podrían haberse debido a un cortocircuito de líneas de alta tensión (20.000 voltios), otras luminiscencias observadas no pudieron ser asignadas a esta causa.

Existen decenas de videos filmados por aficionados limeños sobre el seísmo. En ellos, se aprecian fogonazos de colores blanco, azul y rojo. El fenómeno produjo gran sorpresa a miles de personas en diferentes zonas de la ciudad de Lima, no acostumbradas a la visión de relámpagos por la carencia casi absoluta de lluvias todo el año.

Durante esos terribles momentos, y en días posteriores, tanto la población peruana como la comunidad científica se formulaban la misma pregunta¿Qué estaba pasando?

Probablemente el primer científico que investigo las luces que aparecían durante los terremotos, fue el sacerdote italiano Ignazio Galli quien a finales del siglo XIX y principios del XX enfocó sus investigaciones en la sismología, geofísica, meteorología y óptica atmosférica. Su obra cumbre sobre el fenómeno de las luces de los terremotos se publicó en 1910 con el título “Raccolta e classificazione dei fenomeni luminosi osservati nei terremoto”.

Posteriormente, y debido al hecho de que al vivir en una zona con gran actividad sísmica buena parte de los recursos económicos asignados a la investigación científica van destinados al estudio de terremotos, diversos investigadores japoneses han abordado este tema. Uno de los más reconocidos, Musya, clasificó las luces de los terremotos en tres grandes grupos

  • Aquellas que producían una iluminación instantánea e indefinida como es el caso de relámpagos, chispas de luz o bandas delgadas de luz.
  • Masas móviles luminosas bien definidas en las que incluían bolas de fuego, columnas de fuego verticales, haces de fuego  y chimeneas luminosas.
  • Flamas y emanaciones brillantes como ocurre en flamas, llamas pequeñas, múltiples chispas y vapor luminoso.
  • La fosforescencia de nubes y cielo cuyos representantes más significativos son la luz difusa en el cielo y las nubes luminosas.

A lo largo de la historia son muchas y muy diversas las causas a las que se han atribuido esas luces.

Fuegos causados por incendios forestales, relámpagos, lámparas, daños en las líneas eléctricas y telegráficas, fenómenos inexistentes debido al estado de shock de los testigos que sufrieron los terremotos, procesos atmosféricos, la teoría de la Tensión Tectónica, fenómenos magnéticos y/o eléctricos y mi preferida…los OVNIS. Me encantaría que esas luces procediesen de platillos volantes sobrevolando nuestras cabezas…pero, como demostraremos posteriormente, va a ser que no….

Aunque probablemente no exista una sola causa responsable de estos fenómenos luminosos que acompañan a menudo a los terremotos, mi querida profesora del Instituto se refería en su acertijo a uno de los procesos que, sin lugar dudas, tiene gran responsabilidad en las luces…la triboluminiscencia.

Para entender bien los fenómenos triboluminiscentes hay que dejar claro en qué consiste la luminiscencia. Según la definición aceptada en la comunidad científica, se entiende por luminiscencia toda luz cuyo origen no radica exclusivamente en las altas temperaturas sino que es una forma de “luz fría” en la que la emisión de radiación lumínica es provocada en condiciones de temperatura ambiente o baja.

En todo proceso luminiscente, cuando un sólido recibe energía procedente de una radiación incidente, ésta es absorbida por su estructura electrónica y posteriormente es de nuevo emitida cuando los electrones vuelven a su estado fundamental.

Según cuál sea el tipo de radiación que estimule este proceso de emisión tendremos diferentes procesos luminiscentes como es el caso de la fotoluminiscencia (luminiscencia en la que la energía activadora es de origen electromagnético como ocurre con los rayos ultravioletas, rayos X o rayos catódicos), catodoluminiscencia (si el origen es un bombardeo con electrones acelerados) o radioluminiscencia (si el origen es una irradiación con rayos α, β o γ ).

Sin embargo, además de la excitación por radiaciones ionizantes, la luminiscencia puede generarse también mediante reacciones químicas (quimioluminiscencia), energía eléctrica (electroluminiscencia), energía biológica (bioluminiscencia), ondas sonoras (sonoluminiscencia), o, como es el caso que nos ocupa el día de hoy, a través de energía mecánica (triboluminiscencia).

Pero vamos a centrarnos en la posible respuesta al acertijo que me planteó mi profesora de instituto: la triboluminiscencia, es decir, la emisión de luz que acompaña a la deformación o fractura vía mecánica o térmica.

La palabra triboluminiscencia viene del griego, tribo (τριβείν), quiere decir frotar, y del latín, lumen, que quiere decir luz; triboluminiscencia será pues la luminiscencia que se produce al frotar ciertas sustancias.

Por lo tanto, se trata de un fenómeno óptico que se produce cuando algunas especies químicas y determinados materiales son sometidos a trituración, tensión, agitación, estrés térmico o cualquier otro procedimiento que conlleve ruptura de enlaces químicos. Existen diversas teorías acerca de los fundamentos físicos que dan lugar a la triboluminiscencia pero parece ser que ésta es fruto de la separación y reunificación de cargas eléctricas.

La primera referencia a la utilización del fenómeno de la triboluminiscencia procede de los indios Ute, pobladores de la región de Colorado Central, quienes desde una remota antigüedad vinieron utilizando sonajeros de cristales de cuarzo para generar luz.

Tales sonajeros, de uso ceremonial, eran fabricados en piel de búfalo (traslúcida) y estaban rellenos de cristales de cuarzo. Cuando eran sacudidos por los chamanes, durante las ceremonias nocturnas, la fricción y tensión mecánica de los cristales de cuarzo producía destellos de luz triboluminiscente.

En tiempos modernos, la triboluminiscencia fue referida por Nicolás Monardes (1508-1588) haciéndose eco de las observaciones de los porteadores sevillanos de sacos de azúcar en las noches sin luna. En 1620, Francis Bacon, en su Novum Organum indicó que “es bien sabido que todo el azúcar, ya sea en almíbar o en bloque, si es duro, brillará cuando se rompe o es raspado en la oscuridad”. Años más tarde (1663), el científico Robert Boyle también informó acerca de algunos de sus trabajos en triboluminiscencia.

Como hemos comentado anteriormente son muchos los terremotos que han ido acompañados de fenómenos luminosos…ahora ya sabemos una de sus causas. La tremenda tensión que se produce en un movimiento sísmico puede producir deformaciones y fracturas de los diversos materiales que forman la corteza terrestre generando una gran cantidad de energía mecánica que es capaz de dar lugar a fenómenos luminiscentes.

En el caso del terremoto de Perú anteriormente citado, es posible que el choque o rozamiento de la placa de Nazca sobre la placa Continental pudiera haber liberado una gran energía que habría provocado el seísmo o terremoto. A este pudo acompañar la emisión de triboluminiscencia a cuenta de la presión sufrida por el cuarzo u otros minerales.

Todas las teorías expuestas hasta ahora no avalan, desgraciadamente, que las luces vistas en el cielo procedan de fenómenos extraterrestres. Michael Persinger, psicólogo e investigador científico de la Universidad Laurentian, en Sudbury, Ontario (Canadá) aplicó el análisis computacional a una muestra constituida por 6.000 hechos paranormales (incluyendo OVNIs, serpientes marinas, luces fantasmas, big foot…).

En su trabajo, Persinger afirma que el 85% de los avistamientos de OVNIs no son más que efectos electromagnéticos luminosos producidos por las líneas de falla geológicas…una pena.

Las ciencias físicas como la Geología, la Geofísica, la Meteorología y otras relacionadas, tienen un campo virgen que recorrer. Las luces de los terremotos, la triboluminiscencia e incluso los surrealistas avistamientos de supuestos OVNIs pueden abrir nuevos campos de estudio porque, como decía un gran divulgador científico, “hay veces que los científicos deberían acercarse a la literatura ufológica, espulgar el trigo de la paja y extraer conclusiones interesantes”a buen entendedor sobran las palabras.

En la introducción de este post les dije que, además de mi encuentro con mi antigua profesora lorquina de Física y Química, dos circunstancias me habían impulsado a escribir esta entrada.

Hace unos meses, jugando al baloncesto en pleno Campus Universitario, falleció José Miguel Zamarro, Catedrático de Física de la Universidad de Murcia. Semanas más tarde, nos dejó Rafael Arana, Catedrático de Geología de la misma Universidad…el hombre tranquilo.

Sirva este post como homenaje tanto a las víctimas del terremoto de Lorca como a estas dos personas, tan diferentes pero tan excepcionales, que dieron todo por la Física y la Geología. Seguro que todos ellos habrán provocado no pocas luces en el cielo…

Jose

Nota:

Con esta entrada participo en la XXI Edición del Carnaval de Física que se celebra en el Blog “La Vaca Esférica” y en la III Edición del Carnaval de Geología que este mes se alberga en el Blog “El Pakozoico”.

Fuentes:

* Wikipedia; * El Rincón de la ciencia; * http://marcianitosverdes.haaan.com/

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6 respuestas a Un terremoto en el cielo

  1. Pingback: Un terremoto en el cielo

  2. Raven dijo:

    Fantástico, algo había oído sobre el tema, pero realmente tras leer la entrada me doy cuenta que no tenía ni idea. Quien sabe, quizás con esta entrada estés salvando la vida a mucha gente, y quizás muchos se conviertan en científicos. Una idea romántica esa de cambiar el mundo con palabras, pero con esta entrada, la idea no parece muy descabellada.

    Por cierto, tras ver los vídeos, me viene a la cabeza esa frase de “que cruel es la belleza”

    Saludos !

  3. Dani dijo:

    Un artículo muy interesante, Jose.
    Y homenaje final muy merecido.

    Saludos

  4. Pingback: Las Navidades Bioluminiscentes del Oso Yogui | SCIENTIA

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