La II Guerra Mundial y el cáncer de tiroides

Si tuviera que elegir un solo momento como el más trascendental de todos los acontecidos en la II Guerra Mundial, no podría hacerlo. Hubo muchos. Sin embargo, no creo que nadie ponga en duda que el lanzamiento por parte de los EEUU de dos bombas atómicas a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki el 6 y 9 de agosto de 1945, respectivamente, fue crucial en el desenlace de la contienda. Días más tarde Japón se rindió incondicionalmente.Nuclear-Explosion

¿Y a qué viene esto en un blog de divulgación científica? Porque detrás de aquellas dos bombas se escondía enorme proyecto científico liderado por EEUU y en el que también intervinieron Reino Unido y Canadá: el Proyecto Manhattan, un proyecto en el que participaron numerosos investigadores de renombre mundial dirigidos por el físico Julius Robert Oppenheimer… y que está muy relacionado con el cáncer de tiroides. Se lo voy a demostrar.

El objetivo final del proyecto, que se gestó a partir de una carta enviada por Albert Einstein al presidente Roosevelt advirtiéndole de que la energía liberada por la fisión nuclear podía ser utilizada por los alemanes para la producción de bombas, era el desarrollo de la primera bomba atómica. Tras una frenética carrera que duró 2 años 3 meses y 16 días, y en la que el Proyecto Manhattan se impuso al Proyecto Uranio de la Alemania nazi que perseguía el mismo objetivo, el 16 de julio de 1945 tuvo lugar en Alamogordo (Nuevo México) el exitoso test Trinity, la primera prueba de un arma nuclear por los Estados Unidos.

Una de la posibles fisiones a las que da lugar el átomo de uranio, más concretamente su isótopo 235 cuando se bombardea con neutrones.

Una de la posibles fisiones a las que da lugar el átomo de uranio, más concretamente su isótopo 235 cuando se bombardea con neutrones.

Pocos días más tarde dos bombas atómicas bautizadas como Little Boy y Fat Man detonaron en Hiroshima (6 de agosto de 1945) y en Nagasaki (9 de agosto de 1945). La bomba de Hiroshima, denominada Little Boy, estaba basada en el isótopo de uranio U-235, un isótopo bastante raro que debe ser separado del isótopo más común del uranio, el U-238, que no es adecuado para la fabricación de bombas atómicas. Por el contrario la bomba de Nagasaki, llamada Fat Man, utilizó el isótopo de plutonio Pu-239.

En la gran mayoría de libros históricos se puede leer como, además del citado Oppenheimer, en el Proyecto Manhattan participaron científicos de la talla de Niels Böhr, Enrico Fermi, Ernest Lawrence, Luis Walter Álvarez, Hans Bethe, John von Neumann y muchos más. Sin embargo, pocas veces sale a relucir uno de los más grandes científicos de la historia: el físico atómico y nuclear estadounidense Glenn Seaborg.

Algunos científicos participantes en el Proyecto Manhattan

Algunos científicos participantes en el Proyecto Manhattan

Glenn Seaborg fue consejero científico sobre energía nuclear de diez presidentes estadounidenses, desde Truman hasta Clinton, y su contribución al Proyecto Manhattan fue esencial. En 1941, después de que él y sus colaboradores de la Universidad de California en Berkeley produjeran el elemento 94, el plutonio, Seaborg fue reclutado por Robert Oppenheimer por sus amplios conocimientos en fisión nuclear. Entre 1942 y 1946 estuvo al mando de la investigación sobre física y química nuclear en el Laboratorio Metalúrgico de la Universidad de Chicago. Su papel estaba claro: colaborar en el diseño de la bomba que fue arrojada sobre Hiroshima. Concretamente, Seaborg y sus colaboradores produjeron suficiente plutonio 239 para fabricar Fat Man.

Seaborg

Seaborg

Tras su papel en el Proyecto Manhattan Seaborg regresó a su querida Universidad de California en Berkeley y continuó con su trayectoria meteórica. A lo largo de su carrera participó en el descubrimiento de, ni más ni menos, diez elementos químicos: plutonio, americio, curio, berkelio, californio, einstenio, fermio, mendelevio, nobelio y el seaborgio, elemento bautizado con dicho nombre en su honor.

Además, desarrolló el concepto de elemento actínido y fue el primero en proponer la serie que me llevó por la calle de la amargura durante mi paso por la Facultad de Químicas de la Universidad de Murcia, la actínida. Por fin, en 1951, Glen Seaborg, recibió el Premio Nobel de Química por sus «descubrimientos en la química de los elementos transuránicos».

Pero desde hace unos meses, y por desgracia, lo que más me interesa del trabajo de Glen Seaborg no es ni su Premio Nobel, ni su papel en la II Guerra Mundial, ni el descubrimiento de diez elementos químicos, ni el ser el padre de los actínidos que tanta importancia tienen en la Tabla Periódica. Lo que más me atrae de este físico nacido en Michigan es su trascendental papel en el descubrimiento de Yodo-131.

nuclearEl radioisótopo I-131 es un es un isótopo radioactivo del yodo descubierto por Glenn Seaborg y John Livingood y que procede de la fisión nuclear del uranio y del plutonio. Como muchos de ustedes conocen se denomina isótopos a los átomos de un mismo elemento cuyos núcleos tienen una cantidad diferente de neutrones y, por lo tanto, difieren en número másico. A modo de ejemplo les diré que el yodo estable, el I-127, tiene 74 neutrones y 53 protones mientras que nuestro protagonista de hoy, el I-131, tiene 78 neutrones y 53 protones.

El I-131 es un elemento altamente inestable que emite radiaciones beta (90%) y gamma (10%) con una vida media de desintegración radiactiva (el tiempo necesario para que se desintegren la mitad de los núcleos de una muestra inicial de un radioisótopo) de 8,02 días. ¿Y tiene que ver algo el I-131 descubierto por Glen Seaborg con el cáncer de tiroides? Todo.

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El cáncer de tiroides es un tumor o crecimiento malignizado localizado dentro de la glándula tiroides y derivado de células tiroideas. A pesar de que es el cáncer endocrinológico más común, representa poco más del 1% de todas las neoplasias. Es cierto que presenta una baja incidencia (se diagnostican alrededor de 3.000 casos cada año) pero cada vez se detectan más y se ha convertido en el tumor que más crece en incidencia.

Una vez detectado el cáncer la primera decisión suele ser extirpar la glándula tiroidea mediante una tiroidectomía. A continuación se administra una pastilla vía oral de I-131 para destruir las células tiroideas remanentes en el organismo y destruir posibles focos microscópicos de células cancerígenas, ya que las radiaciones beta emitidas por el radioisótopo descubierto por Glen Seaborg tienen capacidad para provocar la muerte de las células a las que irradia.

Yodo radioactivo

Yodo radioactivo

Al tragar la pastilla de I-131, éste es absorbido hacia el torrente sanguíneo en el tracto gastrointestinal que lo conduce hasta la glándula tiroides donde comienza a destruir las células de la glándula. Como la única glándula que es capaz de retener el I-131 es el tiroides el resto de células del organismo no son afectadas por este radioisótopo. Aunque las dosis administradas de I-131 dependen de varios factores, habitualmente se emplean 100 milicurios (mCi) para los tumores localizados, 150 mCi cuando hay compromiso regional y 200 mCi o más en presencia de metástasis a distancia.

Para evitar la exposición de otras personas a la radiación, los pacientes a los que se le administra I-131 suelen pasar entre 24 y 48 horas aislados en habitaciones plomadas. Incluso conozco una persona que ha pasado el Día de la Madre en una de esas habitaciones. Durante ese tiempo, el I-131 que no es concentrado por las células tiroideas es eliminado del cuerpo a través del sudor y la orina. Una vez en casa estas personas deben seguir durante unos días una serie de recomendaciones que pueden leer en este enlace.

Habitación plomada

Habitación plomada

¿Y el tipo tratamiento descubierto por el físico nuclear protagonista del post de hoy es efectivo? Lo es. Afortunadamente las estadísticas muestran como la mayoría de los cánceres de tiroides se eliminan totalmente con cirugía y el posterior tratamiento con I-131.

Antes de acabar me gustaría contarles una cosa. ¿Saben ustedes quién fue una de las primeras personas afectadas por cáncer de tiroides que se benefició del Yodo radioactivo? Ni más ni menos que la madre de Glen Seaborg, el padre del I-131. Sí, amigos. Años más tarde del descubrimiento de Seaborg a su madre se le detectó un cáncer de tiroides que fue curado gracias a las investigaciones de su hijo.

Y ahora me gustaría contarles otra. ¿Saben ustedes quien es una de las últimas personas afectadas por cáncer de tiroides que se ha beneficiado del Yodo radioactivo? Ni más ni menos que la madre del responsable de este blog… que nunca llegará a conseguir el Premio Nobel de Química pero que siempre le estará agradecido a uno de los científicos responsables del Proyecto Manhattan. Te debo una, compañero.

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Un beso, mamá.

Jose

Nota: Podéis ayudarme a difundir este post pinchando en este enlace. Gracias.

 

 

 

 

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29 respuestas a La II Guerra Mundial y el cáncer de tiroides

  1. Fernando dijo:

    Buen artículo poblado de ciencia, conocimiento y emociones (sobre todo las filiales…)

    Mi mujer estuvo en la habitación emplomada el día de su cumpleaños… Al salir dijo que no querría pasar otro cumple en soledad, y al año siguiente le hicimos una fiesta sorpresa con toda la familia, los amigos, compañeros… para cumplir su deseo del año anterior! y para festejar que eran los 50 años!

    Operada hace dos años, con el tratamiento de yodo posterior y sin rastro actual de la enfermedad!

    Saludos desde Madrid

  2. carlos casabona dijo:

    Ya lo has conseguido: emocionarme, hacerme llorar, repasar y ampliar mis escasos conocimientos sobre el cáncer de tiroides, y aprender historia. No creo ser exagerado, pero veo muy difícil superar la intensidad emocional de este blog. La intensidad científica, como siempre, es la máxima . Enhorabuena.

  3. Melli Toral dijo:

    Tú crees que se puede empezar el día llorando al leer tu entrada? Pues si. Eres muy muy grande Jose. ¿Para cuándo un libro con todas?

  4. me has dejado sin palabras, espectacular como siempre. Te sigo en la distancia, pero aprovecho para mandarte un saludo enorme y desearte toda la fuerza para estos momentos. un fuerte abrazo

  5. Pingback: La II Guerra Mundial y el cáncer de tiroides

  6. Hola Jose,

    Ya verás como todo va bien. En los últimos años he conocido bastantes casos a mi alrededor (más de los que hubiese podido imaginar, incluyendo mi propia abuela), y la verdad es que en todos los casos el tratamiento ha sido 100% efectivo.

    Mucho ánimo para ti y muchas fuerzas para tu madre. Un abrazo!!!

  7. kain31 dijo:

    estaba leyendo e informandome con todo el contenido, y el ultimo parrafo ha hecho que se me salten las lagrimas… suerte y que se recupere pronto tu madre!. no la conozco pero le envio un abrazo desde aqui 🙂

  8. Inma dijo:

    Estupendo, como siempre, que habilidad para usar vivencias de la vida diaria para hacer ciencia y divulgarla. Felicidades y gracias

  9. Pingback: La II Guerra Mundial y el cáncer de tiro...

  10. Este es otro ejemplo de las enormes deudas que tiene la Medicina con la Física. El I131 también se usa para otras enfermedades tiroideas, sobre todo en casos de hipertiroidismo cuando no responde bien a fármacos. La administración del isótopo barre la glándula sin necesidad de recurrir a tiroidectomía.

  11. Esta vez no me ha impresionado José Manuel por su clase magistral de Química, esta vez me ha impresionado por la tensión emocional que habrá sufrido en esta investigación. Un gran abrazo para los dos.

  12. ¡Qúe grande! Felicidades por el gran post!

  13. Mil gracias a todos por vuestras palabras de ánimo. Todo saldrá bien. Seguro que sí, ¡Un abrazo!

  14. vidal dijo:

    Cuando era pequeño y la mía recibía quimio, me fascinaba el otro lado del pasillo con puertas de cristal pegatinas de alerta radiológica y habitaciones plomadas de las a me decían que la gente no podía salir en unos días.
    Gracias por compartir esta historia.

  15. lucia miñano garcia dijo:

    Hola.
    Me llamo Lucía y hace 27 años que fui operada de un carcinoma de tiroides. En aquella época a mi madre, que estaba embarazada de 7 meses, los médicos le dieron para mi, como mucho cinco años de vida y ¡¡AQUÍ ESTOY!! (y no soy un fantasma, eh…)
    También me trataron con yodo I131, pero en mi caso en dos ocasiones y estuve incomunicada durante cinco días. A causa del tratamiento y por degracia, tuve que abortar por la altísima posiblidad de malformaciones graves en el feto.
    Hace muchos años de mi intervención, yo apenas tenía 16 y tengo que decir que aunque fuese un cáncer, los tratamientos posteriores no son tan agresivos como otros tipos de cáncer y que, además, supongo que por mi juventud, no me enteré de la seriedad de mi enfermedad hasta muchos años después…

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  17. CaminaDogs dijo:

    Mi madre también se benefició de este descubrimiento. Y sin embargo, me entristece pensar que la misma persona que lo llevó a cabo también estuvo implicado en la muerte de cientos de miles de personas.

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  19. perlita1 dijo:

    Creo que son muchas las familias donde se ha usado este isótopo radiactivo…En mi familia, al menos sí y exitosamente, y muchas veces no sabemos la historia que hay detrás, las personas que nos ayudan sin saberlo, y damos todo por hecho así no más…¡que increíble! Por eso, muchas gracias por contarnos esta historia, y cariños a tu madre, una más de las afortunadas.

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  28. Luis dijo:

    Me he sentido muy emocionado con la lectura de tu publicación -a pesar de sentirme relativamente involucrado, ya que participo desde hace varios años en programas de control de deficiencias de yodo en mi país- ya que relatas la labor maravillosa de los químicos y otros científicos, quienes han conducido tanto a la fabricación de mortíferas armas, como al tratamiento y prevención de muchas dolencias y enfermedades. También en mi familia, alguien debe su vida a un diagnóstico oportuno y al Yodo 131. Saludos.

  29. santiago alvarado carbajal dijo:

    EStimado amigo: hace 30 anos yo tuve cancer de tiroides y recibi un par de tratamientos con yodo despues de ser operado. Cuando recibi el tratamiento de quimioterapia mi esposa dio a luz a mi hija mas chica y no pude conocerla de inmediato sino hasta 2 meses despues ya que queria evitar la posibilidad de hacerles dano por la radiacion que recibia. Actualmente estoy bien dentro de lo que cabe, pues la dosis de tiroxina debe ser la correcta para no tener problemas en mi cuerpo, sobre todo porque anos despues se me empezaron a manifestar ataques de taquicardia como reaccion secundaria. Mi hija que nacio cuando yo estuve enfermo actualmente es Doctora y me dice que mi historia fue la que motivo elegir esa carrera para poder ayudarme mas. Por lo que respecta a tu historia personal quiero decirte que es conmovedora y bella. te entiendo perfectamente. saludos y un fuerte abrazo a la distancia.

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