Siempre he considerado la profesión de farmacéutico como una de las más importantes en la sociedad. Su labor es fundamental y las farmacias son, para muchos ciudadanos, el primer lugar al que acudir cuando tienen un problema de salud. Sin embargo, en los últimos tiempos he observado cómo muchas farmacias (que no todas) están apostando por una serie de productos que no me gustan nada y que no entiendo cómo se venden en estos lugares que tanta confianza han inspirado tradicionalmente a la ciudadanía.
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Fuente: La Verdad
Jose
Este artículo forma parte de mi colaboración quincenal con el Diario La Verdad.
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