Hace unos días visité de nuevo mi supermercado favorito, aquel donde hago de espía a diario. En el lineal cada vez más grande de suplementos nutricionales me llamó poderosamente la atención un nuevo grupo de complementos alimenticios. Me refiero a aquellos que prometen adelgazar gracias a transformar la grasa blanca en grasa parda. Como existe mucha gente que no conoce este fenómeno, hoy dedicaré este artículo a explicar este proceso de ‘adipoconversión’ y a analizar la efectividad de los citados suplementos.
En los últimos años se ha producido un preocupante auge de las pseudociencias, entendiéndose estas como aquellas afirmaciones, creencias o prácticas que son presentadas incorrectamente como científicas ya que no cumplen con un método científico válido y no pueden ser comprobadas de forma fiable al carecer de estatus científico. Estas pseudociencias, entre las que se encuentran la bioneuroemoción, el reiki, las flores de Bach, etc., no solamente no han demostrado ningún rigor científico sino que, a veces, pueden suponer un problema para la salud de sus seguidores más allá del despilfarro económico. Me refiero a aquellas ocasiones en las que el ciudadano decide sustituir la medicina efectiva por este tipo de tratamientos.
Si hay un grupo de alimentos que ha aumentado espectacularmente sus ventas en los últimos años, son las bebidas energéticas. Según datos oficiales de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), el 68% de los adolescentes (10 a 18 años) de la UE las consume. Entre ellos, el 12% presenta un consumo “crónico alto” de siete litros al mes y otro 12%, un consumo “agudo alto”. Pero, como decía Super Ratón, “no se vayan todavía, que aún hay más”: el 18% de los niños entre tres y 10 años consume bebidas energéticas. Tremendo.
Como recuerdan los lectores de Scientia hace unas semanas la Unidad de Cultura Científica e Innovación de la Universidad de Murcia presentó el proyecto “Ciencia en Corto”, una serie de vídeos de animación en los que se abordan diversos aspectos de la ciencia de interés para el gran público. El primero de estos vídeos, que pueden ver pinchando en este enlace, lo dedicamos a los “Alimentos funcionales”y tuvo muy buena acogida entre el público. En esta ocasión volvemos a la carga con “Los peligros de las pseudociencias”, un vídeo que pretende alertar sobre los riesgos de la anticiencia y, además, señala a algunos de los responsables de que muchas practicas pseudocientíficas se estén instalando en nuestra sociedad.
¿Qué les ha parecido? Espero sugerencias.
Antes de finalizar este post quiero agradecer a todo el equipo de la UCC+i de la Universidad de Murcia, perteneciente al Vicerrectorado de Comunicación y Cultura, el gran esfuerzo que está haciendo por sacar adelante todos estos proyectos.
Un saludo y espero que les guste “Ciencia en Corto”.
Son los complementos alimenticios de moda. No hay herboristería, parafarmacia o tienda de dietética que no los tenga en sus escaparates. Me refiero a los suplementos que prometen incrementar la capacidad intelectual, estimular la memoria, mejorar el rendimiento cognitivo, aumentar la concentración, etc. Por ello los consumen principalmente personas de la tercera edad y muchos estudiantes. A pesar de su éxito, son muchas las voces que se han levantado en contra de su efectividad. Por ello, en el artículo de hoy resolveré la gran pregunta que se empieza a hacer mucha gente: ¿sirve para algo gastarse los casi 30 euros que cuestan de media estos productos?
Hoy estamos de elecciones a Rector en la Universidad de Murcia pero antes de ir a votar he sacado un rato para presentarles el nuevo proyecto de la Unidad de Cultura Científica que tengo el honor de dirigir. Cuando no hace ni mes y medio que vio la luz el proyecto audiovisual “Ciencia en Corto” ahora sacamos a las ondas “La Sesera”, un podcast cargado de ciencia, humor…y emociones. En el primer episodio, además de introduciros al equipo y parte de las secciones, el equipazo responsable de La Sesera ha entrevistado al gran divulgador matemático Santiago García Cremades y a “alguien” más…
Hace unos días vi algo que me dejó atónito. En un supermercado encontré un zumo funcional que se anunciaba como ‘Sin Taurina’ y otro que usaba justo el eslógan contrario: ‘Con Taurina’. Mi cabeza daba vueltas. ¿Cuál de los dos debía comprar?