A lo largo del día consumimos a través de los alimentos gran cantidad de moléculas de origen vegetal y animal. Algunas poseen propiedades saludables y otras no tanto. Muchas de ellas tienen buenas características organolépticas (color, sabor, textura, aroma….) y otras poseen un perfil sensorial desagradable. Sin embargo, solemos olvidar que esas moléculas desempeñan una labor fundamental en sus fuentes originales, bien sean del reino vegetal o animal. Pues bien, los bioquímicos vegetales estamos obsesionados en conocer qué función realizan muchas moléculas en las plantas en las que se encuentran. ¿Y por qué tenemos esa obsesión? Por dos motivos: satisfacer la curiosidad del científico y anticiparnos a la posible respuesta del organismo humano cuando consumimos esas moléculas, lo que es crucial antes de introducirlas en otros alimentos o incluso en fármacos. Atentos a la historia que les voy a contar hoy.
El pterostilbeno es una molécula perteneciente a un grupo de compuestos fenólicos llamados estilbenos. Se encuentra en varias fuentes vegetales como las hojas de la parra, los cacahuetes y en uno de mis alimentos preferidos, los arándanos. Por sus propiedades antioxidantes, anticancerígenas, antiinflamatorias, analgésicas o anticolesterolémicas, el pterostilbeno se ha convertido en el objeto de deseo de diversos sectores, como las industrias alimentaria o farmacéutica, que han visto en este compuesto un elemento clave para el desarrollo de nuevos productos con alto valor añadido.
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