No es la primera vez que lo digo. A los bioquímicos nos encanta conocer los mecanismos que utilizan las plantas para defenderse de los ataques externos….independientemente de lo que eso suponga para el hombre. ¿A qué me refiero? Les pondré dos ejemplos.
Normalmente un plátano o una manzana ennegrecida no son del gusto del consumidor, pero a las frutas y verduras lo que a nosotros nos parezca su oscurecimiento le importa un pimiento. Se han ennegrecido por una reacción de pardeamiento enzimático catalizada por la enzima polifenoloxidasa que les sirve para protegerse del ataque de patógenos cuando sufren un golpe o corte. La parte oscurecida que vemos en la piel del plátano o de la manzana actúa como una segunda piel que impide la entrada de agentes externos. Otro ejemplo ocurre cuando irradiamos con luz UV una grano de uva. En ese momento esta fruta dispara sus niveles de resveratrol, una fitoalexina que le sirve a la uva para defenderse del ataque externo. ¿Y para qué los científicos quieren que se disparen los niveles de resveratrol en la uva? Para extraerlo mediante diferentes procedimientos y enriquecer complementos alimenticios que prometen innumerables (y absurdas) propiedades.
Pues bien, hace unos días uno de mis referentes en el mundo de la divulgación científica, Rafael Medina (@copépodo), publicó en su cuenta de twitter un vídeo que me encantó. En él se aprecia, gracias a la microscopía de fluorescencia y a la ingeniería genética, como una oruga ataca una hoja de Arabidopsis thaliana, una especie de crucífera empleada muchísimo como modelo en investigación vegetal al ser la primera planta cuyo genoma fue secuenciado.

Oruga atacando una hoja.
Aquí va la explicación de lo que van a ver.
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